LUCY ya va camino de Júpiter

Un enorme chasquido rasga la armonía de la sabana en lo que hoy conocemos como Etiopía. Dos segundos después, un agudo y sufrido grito de dolor se escucha en kilómetros a la redonda. El golpe ha sido tremendo, incluso para su menudo cuerpo de 1,10m y 25kg de peso, tanto que no le importa avisar con él a los posibles depredadores que merodeen la zona de que algo ha pasado. Porque el grito desahoga, pero la vida es supervivencia en la sabana africana. El mínimo error puede costarte la vida, pero a pesar del bipedismo hay tal cantidad de estímulos en algunos árboles que se ve inevitablemente atraída por ellos y acaba subiendo con la habilidades heredadas de sus ancestros. Esa será la última vez que trepe porque la caída resultará definitiva. No tiene ni idea de lo que es la fuerza de atracción gravitatoria, pero a pesar de ello sufre sus rigores. Cosas de la Naturaleza. La lesión pélvica del accidente «doméstico» será suficiente para que su vida acabe ahí, hace unos 3,5 millones de años. Tendría que pasar todo ese tiempo hasta que un grupo de investigadores encontrase sus restos. Fue en 1974, y la canción «Lucy in the sky with diamonds» de los Beatles sonaba en el cassette cuando la encontraron. Sí, así de poco necesitan los científicos para poner nombres a las cosas que descubren.

— Imagen: NASA HQ PHOTO —

Los asteroides troyanos son otro ejemplo de ello. Quien más, quien menos, sabe lo que es un asteroide, pero… ¿por qué troyanos? El motivo es que así se decidió en el año 1906 cuando fue descubierto el primero. Bueno, no exactamente. El caso es que, a medida que se iban descubriendo, los astrónomos comenzaron a denominarlos con nombres de héroes de la mitología griega, en concreto de la guerra de Troya. Posteriormente, durante una convención se aceptó llamar “troyanos” a cualquier tipo de cuerpo que estuviera en los lagrangianos de cualquier planeta, pero reservando los nombres de “La Ilíada” para los que fuesen apareciendo de Júpiter; rizando el rizo, en base a esa guerra de Troya los asteroides de un enjambre recibieron sólo nombres griegos y los del otro nombres troyanos, de manera que quedaban definidos los dos frentes de la batalla con griegos a un lado de Júpiter y troyanos al otro.

—Júpiter y los asteroides troyanos (en verde)— NASA

Pero volvamos a la gravedad. La misma atracción gravitatoria entre diferentes cuerpos que —al parecer— dio con los huesos de Lucy en el suelo de la Tierra provocándole esos daños que la hicieron morir, es la responsable de que Júpiter, el gigante gaseoso del sistema solar, tenga a su alrededor miles de cuerpos inertes describiendo órbitas en otros órdenes de magnitud diferentes, eso sí. Con su poder de atracción pastorea el Cinturón de Asteroides (en esta entrada hablé del CdA y de Ceres, su planeta enano más grande), y también a los asteroides troyanos, que se encuentran distribuidos en dos enjambres compuestos por miles de rocas inertes cada uno. En la órbita que describe Júpiter alrededor del sol, un enjambre está orbitando «por delante» de él y otro «por detrás», ambos influidos por las diferentes fuerzas de atracción que actúan en el sistema solar y entre ellos. Aquí debería explicar lo que son los puntos lagrangianos, pero creo que para entender de lo que hemos venido a hablar, vale con el concepto de que un grupo de asteroides describe la órbita de Júpiter antes que el propio planeta y otro grupo después.

Esos asteroides troyanos no son específicos del gigante joviano. En el año 2010 se descubrió uno de la Tierra (2010 TK7) que se encuentra a unos 80 millones de kilómetros de nosotros y que así continuará durante unas cuantas decenas de miles de años. Marte también tiene, pero ninguno tenemos tantos como Júpiter. Además, en los últimos años, el avance de la tecnología ha permitido aumentar significativamente el número de ellos detectados. Algo parecido a lo que ha sucedido con la detección de exoplanetas. Hablé del sistema Trappist-1 en esa entrada.

Y es que, estimados lectores, las creencias se matan a cañonazos con evidencias.

La misión LUCY de la NASA recibe su nombre de aquel Australopithecus afarensis con el que he comenzado este texto, como algo con lo que ayudar a saber más de ese punto más lejano que consideramos como la formación del sistema solar, hace unos 4.600 millones de años. Fue seleccionada a principios de 2017 y después de estos años de desarrollo, este sábado 15 de octubre se ha lanzado al espacio rumbo a esos otros asteroides que no están en el Cinturón que existe entre Marte y Júpiter, sino a algunos de los que forman parte de esos dos enjambres mencionados antes. Para llegar a su ubicación serán necesarias tres maniobras de asistencia gravitatoria de la Tierra (otra vez la gravedad, ¡qué pesada!), con el fin de acelerar la sonda espacial y que llegue a su destino en el menor tiempo posible. Estas asistencias tendrán lugar en octubre de 2022, diciembre de 2024 y diciembre de 2030. Pero entre las dos últimas ya pasarán cositas. Por ejemplo, está previsto que en abril de 2025 visite a Donaldjohanson en el Cinturón de Asteroides, y habrá que esperar hasta el verano de 2027 para que la sonda llegue primero a Eurybates y su satélite Queta, y después a Polymele. A estos sobrevuelos les seguirán Leucus en abril de 2028 y Orus en noviembre de ese mismo año. Todas estas visitas son lo que ocurrirá en la zona del enjambre de los troyanos.

Entre los registros que dejará LUCY para la historia de la exploración espacial está ser la primera sonda que vuelva al vecindario desde el sistema solar exterior para una maniobra de asistencia gravitatoria. Para ello cuenta con dos gigantescos paneles solares de 7,3m de diámetro cada uno, que una vez desplegados le hacen abultar más o menos lo que un edificio de cinco plantas (!!!). Hay que tener en cuenta que durante alguna de sus visitas operativas a los troyanos, se encontrará a unos 850 millones de km. del sol.

No es una obviedad decir que la astronomía y la arqueología están de alguna manera relacionadas, aunque si pensamos en su cometido por separado, quizás lo sea más de lo que podamos pensar en un principio. Hablé un poco de ello, en relación con la sierra de Atapuerca en este texto para #PrincipiaMagazine: «El telescopio de lo humano». El tiempo nos dirá si el motivo del viaje de 6.300.000.000 de kilómetros que hará LUCY durante los próximos 12 años revelará tantas cosas como las que la arqueología permite destapar de nuestro pasado. Sólo espero estar aquí para contarlo como buenamente pueda… porque la que sí que va a estar es ella. Se ha calculado que, cuando la misión termine, la sonda seguirá orbitando sobre los troyanos durante un millón de años, por eso se le ha puesto una placa de oro con varios mensajes para que nuestros descendientes sepan lo arcaicas que eran nuestras primeras expediciones en materia de exploración espacial. ¿No es apasionante?

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