La «familia espacial» de Tereshkova

Las primeras hazañas espaciales sorprenden al mundo entero. La carrera espacial es un hecho, amparada por la lucha geopolítica de las dos grandes superpotencias del mundo. Los Estados Unidos todavía están maldiciéndose y pensando en cómo encajar públicamente el golpe de Yuri Gagarin llegando al espacio exterior, cuando Alan B. Shepard estaba en capilla para realizar su vuelo suborbital. Durante 1961 y 1962 el cielo parece un patio de colegio por ver quién hace algo por primera vez. Sin duda, esa competición ayuda a acelerar mucho los diferentes hitos. Por un lado están los cosmonautas de las misiones Vostok (Gagarin, Titov, NIkolayev, Popovych y Bykovsky), y por el otro los Mercury 7 (Shepard, Grissom, Cooper, Schirra, Glenn, Carpenter y el bueno de Slayton, que tuvo que esperar hasta 1975 por un problema en el corazón).

Mientras tanto, en la otra punta del globo una joven rusa está en plena fase de entrenamiento para ser la primera mujer en emular a Yuri a bordo de la que será la última misión Vostok tripulada: la Vostok 6. Una veinteañera que, a pesar de su vértigo, no quiere pasar toda su vida en la fábrica textil en la que se ve obligada a trabajar desde adolescente (como consecuencia de la temprana muerte de su padre en el frente durante la guerra entre Rusia y Finlandia). Decide presentarse al proceso y es seleccionada. Después de partir con ciertas desventajas teóricas con respecto al resto de seleccionadas, su capacidad de sacrificio por el bien común y sus respuestas en clave política terminan por convencer al jefe Koroliev, siempre amparada por el jefe de cosmonautas Kamanin, una figura clave en la vida que le espera y que no será todo lo idílica que una heroína podría esperar.

En junio de 1963, Valentina Tereshkova se convierte en la primera mujer que ve la Tierra desde el interior de la cápsula —dicho sea de paso, más parecida a una lavadora que a otra cosa…— «Chaika» («Gaviota», su nombre en clave) dice que es todo muy hermoso desde ahí arriba, a pesar de que su viaje es cualquier cosa menos agradable. Una comida extremadamente deshidratada, incomestible hasta el punto de provocarle malestar y vómitos, hace que la preparación en tierra firme sea un escenario casi irrelevante comparado con la tozuda realidad en órbita. Un suceso que, en un entorno tan machista como el mundo de los años 60, necesita de la autoridad de Serguei Koroliev para no dejar impunes comentarios que pongan en duda la capacidad de la cosmonauta dentro de la propia Fuerza Aérea Soviética. Ni está borracha, ni está embarazada, ni ninguna de las cosas que algunos rumorean. 

— Tereshkova charlando con el Jefe Serguei Koroliev —

Las tareas de Valentina son realizadas en vuelo en el tiempo previsto de aproximadamente un día, por lo que los dos días que se alargó la misión estuvo “disfrutando” del viaje. El mero hecho de ir y volver ya es todo un éxito… más si tenemos en cuenta que antes de la reentrada se da cuenta de que está mal orientada y si hacen el reencendido la sacarán de la órbita hacia una muerte segura. Para más inri, con eso arreglado, se precipita directa hacia un lago. Ella misma duda de si podrá nada hasta la orilla en las condiciones de deshidratación y debilidad que se encuentra. Finalmente un golpe de viento le aleja de un amenizare, pero la otra opción es un grosero aterrizaje en el que se golpea la nariz contra el casco tan fuertemente que necesitará maquillaje durante las conferencias de prensa de los días posteriores. Como buena soviética, lo que le preocupa de ese maquillaje es perder el rol de mujer trabajadora que quiere representar. 

— Valentina después del aparatoso aterrizaje de la Vostok 6 —

Todo lo acontecido en el viaje catapulta a Valentina al podium de la cosmonáutica. Una muchacha de origen humilde ha conseguido el reconocimiento mundial a base de esfuerzo y dedicación. Muchísimas horas invertidas, muchos sueños que esperaban a ser alcanzados a golpe de disciplina militar, cualquier cosa vale con tal de salir de la rutinaria vida de empleada en una fábrica textil. Y precisamente en este punto es donde la mayoría de la gente nos quedamos. En saber que Valentina Tereshkova es la primera mujer de la historia en llegar al espacio, y el tercer ser humano en conseguirlo, por detrás de Gagarin y Titov. Permaneció durante tres días, dando 48 vueltas a la Tierra antes de su reentrada en la atmósfera. 

— Valentina con Kruschev y Bykovsky (que aterrizó en la Vostok 5 unas horas después que ella) 22 de junio de 1963.—

En los pasillos de los edificios gubernamentales se empieza a bromear con lo buena pareja que harían el piloto de la Vostok 3, Andrian Nikolayev, y Valentina. Cuentan también que no se disgustan mutuamente. Tanto que llega un momento en el que el rumor llega a oídos de Kruschev, que considera el romance como un hecho propagandístico maravilloso: el primer matrimonio entre cosmonautas. Solo ellos dos saben si hay un romance entre ellos o no, pero lo cierto es que la opción del matrimonio les parece demasiado precipitada. Sin embargo, el 7 de octubre de 1963, el jefe de los cosmonautas Kamanin se reúne con Nikolayev. El motivo de la reunión es tan sencillo como contundente: está decidido que se tendrán que casar por decreto y hay que poner una fecha al evento. De momento, les dan a elegir a los dos contendientes. Entre las variables que tendrán que valorar está la intensa agenda de Valentina, de viaje por todo el mundo casi continuamente después de su hazaña, y es por ello que Nikolayev le advierte a Kamanin de que no será en octubre. 

El 29 de ese mismo mes Kamanin no puede seguir poniendo excusas al Estado Mayor, desde donde recibe hasta diez llamadas diarias, y llama al orden a Valentina y Nikolayev para que pongan una fecha. Al día siguiente, cuando los dos cosmonautas se rinden y se reúnen con Kamanin, éste les comenta que ya hay una fecha: se casarán el 3 de noviembre. Habrá 300 invitados, desde el propio Kruschev hacia abajo en el escalafón. El 31 de octubre Valentina comienza con los preparativos de manera tan apresurada que se ve obligada incluso a faltar durante 4 1/2 h. a reuniones importantes. La noticia de la boda (forzada) corre como la pólvora y mientras se ultima todo, el teléfono de Kamanin saca chispas. Todo el mundo quiere estar en ese histórico evento, recibe miles de llamadas y él mismo cargará con la culpa de decirles que no pueden asistir. Finalmente solo habría 200 invitados.

— Invitación de boda con sus nombres en clave representados. Sokol (Halcón) y Chaika (Gaviota) y el texto «Primera boda cosmonauta». —

Llega el gran día. El 3 de noviembre Valentina Tereshkova y Andrian Nikolayev se casan en un entorno de paz y armonía ante la mirada de todos los presentes en el Palacio de las bodas de Moscú. Después de la ceremonia los recién casados continúan con la fiesta en el apartamento del novio con un grupo de unos 60 amigos más cercanos. Un par de días después, el propio Nikita Kruschev regala un piso a la pareja en Moscú. Un apartamento enorme en un edificio reservado casi exclusivamente para miembros del Partido Comunista. El inmueble, con siete habitaciones, está preparado para poder ser dividido en dos en caso de que en un futuro deseen hacer vidas separadas.

— Momento del banquete de boda con Nikita Kruschev presidiendo. —

A finales de ese año Kamanin se reúne con Rudenko con la intención de decidir las tripulaciones del año entrante (1964) para las misiones Soyuz y Vostok. Los inicios de la exploración espacial han conseguido ilusionar a gente de todo tipo en la URRS, eso incluye a artistas que hacen maravillas como el libro que le enseña a Nikolayev cuando se reúnen para establecer la gira por ciudades soviéticas del cosmonauta. Son héroes, y como tales hay que lucirlos por todo el país (y el mundo). Es una edición limitada de 200 rublos sobre las primeras misiones espaciales y de la que solamente existen seis copias para su distribución. Nikolayev pide una, pero le dicen que es para su mujer.

La notificación de la fecha de boda en octubre no llega sola. El embarazo también es una orden… que viene directamente de Nikita Kruschev. El líder soviético quiere saber si viajar al espacio tiene efectos fisiológicos sobre los bebés. El propio médico de Gagarin llegó a afirmar décadas después que daba lástima mirar a Valentina y Andriyan cuando se les ordenó tener un hijo. A primeros de junio de 1964, nace Elena por cesárea después de un parto larguísimo. El «bebé de las estrellas», la primera persona concebida por dos humanos que han estado en el espacio. El pueblo ruso lo celebra por todo lo alto… aunque más allá de lo duro del parto y lo anecdótico de la celebración, montones de rumores rodean a la recién nacida: Elena es sorda, o ciega, o deficiente mental, tiene seis dedos, y los más locos afirman que tiene tres brazos. 

— La familia espacial: Valentina Tereshkova, su hija Elena y su marido Andrian Nikolayev —

La Navidad de 1964 es la primera en la que Kamanin se toma por primera vez las vacaciones que le corresponden. O casi. Se va unos días a Sochi, junto al Mar Negro, donde están algunos cosmonautas. Va con la confianza de que todo va bien allí, y con la intención de convivir de manera más o menos distendida. Nikolayev le ha dicho que está todo en orden, pero cuando llega se encuentra a una Tereshkova al límite, desesperada con el comportamiento de su marido. No quiere pasar ni un segundo más con él. Dice que su marido es un mal padre para la niña que tuvieron ese mismo verano, que sus constantes juergas con los amigos le han convertido en alcohólico y que  no hace nada por ayudarla con su hija, además se queja de que entre ellos solamente hablan en chuvasio (el dialecto de su región) que ella no entiende. Con ese infierno de puertas para adentro, en público el comportamiento de Nikolayev es el de marido perfecto de una familia perfecta. Para desgracia de Valentina, la «familia espacial» funciona tan bien propagandísticamente que ellos dos son, de largo, los más demandados en los países que quieren tener a los héroes espaciales soviéticos contando sus hazañas.

En marzo de 1965 están sobre la mesa las solicitudes de Francia, Hungría, Argelia, Mongolia, Finlandia, Noruega, Grecia, Irán, República Checa, EE.UU…. La lista es interminable, tanto que el 90% de ellas tienen que ser rechazadas por incompatibilidad con los entrenamientos de vuelo para las misiones previstas. Kamanin está para tomar decisiones, y esa es una de ellas. Otra más relevante para la pareja tendrá lugar en septiembre de ese año, cuando le notifica a Nikolayev que se ha quedado fuera de la misión Soyuz 8. El resto de compañeros no entienden la decisión, pero no están ahí para entender decisiones. La única que se atreve a ir a su despacho para que sea readmitido, y de muy malas formas, es Tereshkova. Incluso le amenaza con escalar el tema a Ustinov y Polanskiy.

Finalmente, una serie de acontecimientos (que Kamanin, por cierto, no aprueba) termina con Nikolayev como uno de los dos tripulantes de la misión Soyuz 9. Se hará un vuelo largo para conmemorar el 100 aniversario del nacimiento de Lenin. El despegue tiene lugar el 1 de junio de 1970, y son frecuentes las comunicaciones entre la tripulación y el control de misión. Incluso Valentina consigue sacar unos cuantos momentos para hablar con su marido, que tiene su momento cumbre el día 8, con el cumpleaños de la pequeña Elena.

Hace unos cuantos meses que los estadounidenses han consumado su llegada a la Luna, y lo que antes era Guerra Fría parece templarse. Tanto es así que deciden enviar una misión conjunta, a la que llamarán Apolo-Soyuz. Los cosmonautas cruzan el charco para ver y aprender sobre las instalaciones, los protocolos y las tecnologías yankees. Nikolayev es uno de los que va, agrandando la sensación de desapego hacia su familia. En noviembre de ese año, Kamanin tiene una dura y desagradable conversación con Tereshkova. Ella y su madre han estado enviando cartas a generales del Estado Mayor, puenteando a Kamani. El motivo es quejarse del comportamiento de su marido. Kamanin ya no sabe cómo gestionar las constantes peleas entre la pareja. Nikolayev al enterarse argumenta que su familia política lleva desde el primer día malmetiendo, que en los siete años que llevan casados «sólo» ha perdido los nervios dos o tres veces. Bendito patriarcado soviético…

A finales de los años 70 los norteamericanos están dando los últimos retoques al programa con el que mandar mujeres al espacio en el transbordador espacial, y la URSS decide retomar la posibilidad de enviar a alguna de las cosmonautas del grupo de Tereshkova al espacio. Ella aplica al puesto, y durante las pruebas conoce a un médico del que se termina enamorándose. Es Yuliy Shaposhnikov. En 1979 Valentina se separa de Nikolayev, aunque el divorcio no está contemplado en el idealizado mundo de los astronautas y cosmonautas que vende familias perfectas, o al menos de momento. Un fracaso en lo privado supondría la automática salida de la cosmonáutica. Y ellos son todavía más que eso, al ser los dos viajeros espaciales. No le importa, y sigue el proceso de divorcio. Como en la boda, su divorcio necesita una firma, la del secretario general del Partido Comunista, Leonid Brezhnev. Y no llegará hasta 1982.

En los EE.UU. pasaba más o menos lo mismo, los astronautas eran semidioses a los que un divorcio mancharía su currículum. El propio Neil Armstrong sufrió esa especie de impedimento para separarse de Janet, estando mal con su pareja desde los años 60, la separación no se hizo efectiva hasta los 90. Lo conté aquí para National Geographic.

Con su hija Elena camino de convertirse en médico y divorciada de Nikolayev, Valentina vive felizmente con Yuliy durante 20 años hasta que él fallece en 1999. Valentina está de vuelta de todo, no solo del espacio. Vivió un infierno casi desde el mismo momento en el que decidió dejar aquella fábrica textil y presentarse al puesto que buscaban para ser cosmonauta. Quizá por eso hace tiempo que manifestó públicamente que si existía la posibilidad de viajar a Marte, iría incluso con billete de ida solo. Del mismo modo, Valentina lleva desde que volvió del espacio luchando por la visibilización de la mujer, por la paz en el mundo, por contar qué es lo necesario, y vive retirada en su hogar a las afueras de la Ciudad de las Estrellas, en una casa coronada con una gaviota, el animal que le ha acompañado a lo largo de su vida, en la que disfruta de las visitas de su familia y de toda esa gente que conoció a lo largo y ancho del planeta que orbitó en 48 ocasiones durante tres días.

Entrada relacionada: Valentí_a Tereshkova

Deja una respuesta