#Apollo50th, 50 años de la llegada a la Luna

La verdad está ahí fuera.
Comenzar un artículo con una frase quasi-dogmática para miles de personas puede tener un sentido que no sea el verdadero. Mulder, Scully y sus X-Files son culpables. Hace siglos que los jueces del tiempo, los relojes, nos muestran lo implacable de esa cuarta dimensión que gobierna nuestras vidas desde el mismo momento en que el espermatozoide y el óvulo se encuentran. El milagro de la vida tiene ese contrasentido: tu partido comienza sabiendo que vas a perder. No obstante, es ilusionante que haya tanta gente que conciba un espíritu de comunidad que nos haga pensar en los que vengan y no nos deje caer en la tentación del mal uso de nuestra vida. 

Quizá alguien, en alguna reunión, en algún momento, se atrevió a decir que el siguiente paso era salir de “aquí”, y habría que ver cómo reaccionaron los que estaban en torno a aquella mesa. Miradas de incredulidad, risa floja, comentarios jocosos al respecto. Dudas razonables, o no. La realidad vino a decir que, después de que cientos de miles de personas remasen en la misma dirección (y sentido), se podía ir a buscar la verdad ahí fuera. La humanidad ha avanzado en 50 años lo que no se imaginaba nadie y, de repente, tenemos grandes retos por delante que, lejos de ser encontrar un unicornio, están ya planificándose. Pero, ¿cómo empezó todo?, o mejor, planteemos la pregunta de otra manera: ¿por qué demonios la gente sabe tan poco de toda la carrera espacial? Los dos tripulantes que aún quedan de la misión Apolo 11 llevan todo este año viajando a actos conmemorativos de aquel 20 de julio de 1969, y el propio Michael Collins, tripulante de la Apolo 11, comentaba en una charla el pasado mes de mayo algo que yo siempre he pensado: las disciplinas STEM (por sus siglas en inglés “Science, Technology, Engineering and Mathematics”) necesitan realmente una redefinición a STEEM donde la segunda “E” tiene que ser la que aporte el valor de mostrar lo conseguido a toda la sociedad sin distinción: “Effective communication”. No puedo estar más de acuerdo con él. En España tenemos ejemplos de sobra de gente cuyas iniciativas están por encima de estratos sociales o cualquier otra traba que impida divulgar la cultura científica, en cualquiera de sus vertientes. Algunas pueden ser más o menos puristas, más o menos desenfadadas, pero lo bueno es que existan. Conseguir que alguien, independientemente de su edad, se interese por un tema que haya oído contar y que hasta ese momento no entendía es el sentido real de comunicar investigaciones, historia o biografías. 
La comunicación efectiva de la que hablaba Collins está vista, seguramente, desde el prisma de su ámbito de aplicación: la llegada del ser humano a la Luna. Imagina por un momento ser él, uno de los tripulantes de aquella -maravillosa- aventura, y tener que pasarte el resto de tu vida viendo como hay millones de personas a lo largo y ancho de todo el mundo que dudan de que ocurriera la cosa más extraordinaria que a ti te ha pasado. Medio siglo dando explicaciones, contando las mismas cosas. ¿Cuánto aguantarías? Probablemente menos tiempo… de hecho, el propio Aldrin le dio una hostia a un negacionista en plena calle y delante de las cámaras (actitud reprobable, pero entendible). Lo cierto es que todo el mundo -o casi- sabe que la llegada a la Luna ocurrió, y también que fue cosa de los americanos, pero no todo el mundo sabe que fue en la misión Apolo 11, casi nadie sabe que hubo otras cinco misiones tripuladas en la superficie lunar además de alguna otra tripulada anteriormente, aunque no a alunizar… y no digamos ya de los hitos soviéticos en materia de espacio, o por qué una apabullante mayoría desconoce por completo los inicios del largo y estresante viaje que permitió a Armstrong y Aldrin posarse, paradójicamente, en el Mar de la Tranquilidad. Sin embargo, considera por un momento cómo lo ve el señor Collins para percibir que, efectivamente, algo se ha comunicado mal. Históricamente, en el imaginario colectivo no hay ni rastro del Mercury-7, ni del proyecto Gemini, ni de los Apolos anteriores al 11, ni de lo que andaban haciendo los soviéticos por aquel entonces, y creo que coincido con Collins en que es algo que habríamos de saber como sabemos, por ejemplo, que Colón iba a las Indias y terminó llegando a América, cuatro veces. Ah, ¿que no te acordabas ya de que fueron cuatro viajes?¿dirías que se te ha olvidado?¿o afirmarías que no te lo enseñaron en el colegio? Repasa los libros de historia, querido lector.
Esas dudas, sesgos u olvidos involuntarios son lo más normal de mundo. Nuestro cerebro recibe demasiados impactos durante la vida adulta, así que yo quiero hacer de amable recordatorio, o de pseudo-instructor para que si no sabías algo, darte la información básica que te permita ahondar en el tema si te apetece, que para existe internet. Así que aquí va un resumen de los diferentes viajes con algo de esta maravillosa historia…
Sobre la Luna llegaron a posarse seis módulos lunares: Águila (A11), Intrepid (A12), Antares (A14), Falcon (A15), Orion (A16) y Challenger (A17). Y durante el programa Apolo, se requirieron hacer pruebas previas para maniobras de acoplamiento y establecimiento de comunicaciones en la Apolo 9 (Spider) y la Apolo 10 (Snoopy); aparte del Aquarius (A13) que nunca llegó a alunizar. Además, perdieron la vida los tripulantes del Apolo 1 durante un test en tierra por un fuego en cabina, y se acercaron a orbitar por primera vez la Luna los tripulantes del Apolo 8.
Apolo 1 – El primero de los intentos por sacar una tripulación no llegó ni siquiera a la rampa de lanzamiento. Durante una de las pruebas se originó un incendio en cabina que rápidamente se propagó provocando la muerte de los tres astronautas. Pasaron dos años hasta que la NASA retomar el programa Apolo con el objetivo de llegar a la Luna. Los tripulantes eran Grissom, White y Chaffee.
Apolo 7 – Fue el primer vuelo tripulado exitoso orbitando la Tierra a unos 280 km., aunque lo bonito de esta misión es que Schirra, Eisele y Cunningham no se pusieron los cascos -contra el protocolo- por un resfríado que podría haber reventado los tímpanos a Schirra. También llevaron a cabo algunas de las maniobras de acoplamiento planeadas para que futuras expediciones tuvieran referencias reales, aunque la simulación se hizo con una parte del Saturn IB porque no tenían módulo lunar. E hicieron la 1ª conexión espacial yankee con TV.


Apolo 8 – Fue la primera misión en llegar hasta la Luna. Borman, Lovell y Anders fueron los primeros en orbitarla, o sea, en ver la cara oculta de la Luna. Aprovechando las fechas en las que tuvo lugar la misión, la tripulación leyó durante una conexión con la Tierra en Nochebuena unos fragmentos del libro del Génesis de la Biblia.
Apolo 9 – Esta misión se mandó a la órbita terrestre con un lastre de 9 toneladas (de cemento) para comprobar el acoplamiento en órbita de ambas partes. Básicamente, McDivitt, Scott y Schweickart hicieron las pruebas que haría el Apolo 10 en órbita lunar. La prueba del traje que llevó a cabo Schweickart en su paseo espacial fue un poco peliaguda porque ya en la nave se había encontrado indispuesto y había vomitado, algo que si le pasaba con el traje en el exterior, podía haber resultado fatal.
Apolo 10 – Stafford les pregunta a Cernan y a Young a las 5.13 a.m. “¿de quién es esto (que está flotando en la nave)?”. Una de las bolsas donde hacían sus necesidades se rompió y había mierda flotando por la nave… La conversación grabada en el control de misión fue de traca. Ese episodio sirvió para mejorar el sistema de gestión de residuos de los módulos.
Apolo 11 – Armstrong y Aldrin las pasaron canutas durante la aproximación a la superficie de no ser porque Margaret Hamilton les enmendó la plana desde Houston mientras Collins se convertía en el ser humano más aislado de la historia en aquel momento. Como comentario adaptado al siglo XXI, te diré que hoy en día puedes seguir en Twitter a Buzz Aldrin (@TheRealBuzz) y Michael Collins (@AstroMCollins) ¡a sus 80ytantos años!
Apolo 12 – Bean y Conrad pisaron la Luna mientras Gordon orbitaba para alunizar suavemente sobre el Oceanus Procellarum. Fueron la primera tripulación en llevar una cámara a color pero el bueno de Alan Bean hizo que se perdiera la conexión al enfocar accidentalmente al sol y estropearla.
Apolo 13 – La de la película de Tom Hanks, sí. Fueron a la Luna, pero no llegaron. Si Armstrong y Aldrin lo pasaron mal durante su alunizaje, imaginad a Lovell, Swigert y Haise cuando de camino explotó un tanque de oxígeno inhabilitó el módulo de mando y tuvieron que solventarlo usando el módulo lunar como bote salvavidas para regresar a la Tierra.
Apolo 14 – Alan Shepard aprovechó una de las piezas que llevaban a modo de palo de golf para probar su swing casi sin gravedad. En las conversaciones con el control de misiones les dijo que la pelota se alejaba “Miles, and miles, and miles…”. La gravedad de la Luna es 6 veces menor que la de la Tierra, por lo que un golpe allí hace que la misma masa se aleje mucho más allí que aquí.
Apolo 15 – Dave Scott tuvo la genial idea de probar si Galileo Galilei había hecho bien en plantear que lo que verdaderamente hace que los objetos que al caer lleguen antes o después al suelo, tiene más que ver con la resistencia aerodinámica de los objetos en atmósfera que con la gravedad. Lo demostró soltando a la vez un martillo y una pluma, y ambos objetos llegaron a la vez al suelo.
Apolo 16 – Young, el mismo Young del Apolo 10 y la mierda flotante, formó parte de la tripulación más fructífera hablando en términos estrictamente científicos hablando junto con Duke y Mattingly, que por un sarampión del primero -contraído de su hijo- no pudieron volar en el Apolo 13. El alunizaje se hizo en una zona más elevada que las anteriores para que la enorme cantidad de rocas recogidas tuvieran una geología diferente a las anteriores.

Apolo 17 – La última misión. La certeza de que no habría 18, 19 ni 20. Cernan, volvió al espacio seguramente  pensando que su viaje sería mejor que aquel en el que tuvo que andar recogiendo heces por la cápsula… Y así fue, porque batió todos los récords de duración, de tamaño de muestras, de EVAs… Fue además el primer y único lanzamiento nocturno de todo el programa y por primera vez un científico formaba parte de la tripulación: el geólogo Schmitt. Evans completaba la expedición.
Como último paso en este repaso/reflexión, concluyo con la alegría de que coincido con Michael Collins para que la divulgación de la ciencia sea hoy algo mucho más habitual y menos raro de lo que fue ayer, con la esperanza de volver a ver a alguien, esta vez en directo, posarse en la Luna (quién sabe si en Marte…) y con la respuesta más anti-conspiracionista que se me ocurre: hay que ser muy cretino para dudar de haya sucedido algo en lo que por el camino se han perdido vidas. 

Per aspera, ad astra. DEP Apolo 1 Grissom, White y Chaffee.

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