«¿Apolo IX?¿No querrás decir Apolo XI?»

A lo largo y ancho del globo terráqueo, por alguna extraña razón, la gente tan sólo conoce la expedición número 11 de la misión Apolo de la NASA. Si preguntas “¿Cuántas veces fue el ser humano a la Luna?” la respuesta variará entre “una”, si reconocen que así lo hizo el Apolo 11, o “ninguna” si son negacionistas. La Apolo 11 fue la que llegó a la Luna, por mucho que incluso algunos de los que sólo conocen esa expedición del programa lo nieguen, y no sé si realmente esos no se lo creen porque en realidad piensan que de repente, un buen día de verano de 1969, los EEUU decidieron lanzar un cohete a ver hasta dónde llegaba y tuvieron la potra de que se encontraron con la Luna en su viaje. Visto así, entiendo que haya millones de escépticos por el mundo, la verdad. Por eso soy de los que piensa que hay que dar la mayor visibilidad posible al programa Apolo al completo. Desde los previos no tripulados y el dramático Apolo 1 hasta el fabuloso Apolo 17. En alguna ocasión he hablado en el blog sobre otras de las expediciones (véanse el Apolo 8 y el 13), y en mi perfil de twitter @HdAnchiano he subido infinidad de vídeos o imágenes sobre otras, por no decir todas. Esta vez voy a dedicar una entrada al Apolo 9, por el mero hecho de que fue lanzado un día 3 de marzo (de 1969). 
Como he comentado antes, puede que algunos piensen que los yankees se tirarán un largo y pusieran un cohete con tres personas a bordo de camino a la Luna en verano de 1969. Pues bien, que quede claro que NO FUE ASÍ. Detrás de aquel impresionante viaje del Apolo 11 había 400.000 personas colaborando de una u otra forma para que todo el programa Apolo tuviera las mayores garantías posibles en la época para ser un éxito. Dentro de todas esas personas se encontraba un nutrido grupo de astronautas cuyos nombres mucha gente se sabe de carrerilla como la tabla del 3. Hombres intrépidos, con un puntito de temerarios… pero no eran idiotas. También eran patriotas, claro. En eso da igual EEUU que la URSS. El amor a la patria era denominador común, ciertamente. Disciplina militar que les hacía capaces de tomar decisiones que hombres “de la calle” no podrían tomar. Hoy, por suerte -creo-, ha cambiado algo el cuento porque hay mucha más tecnología que intereses políticos de por medio.

Como decía, el Apolo 9, lanzado un 3 de marzo, fue el encargado de probar el módulo lunar. Era la tercera misión tripulada, después del fatídico accidente del Apolo 1 y la exitosa “excursión” a la cara oculta de la Luna del Apolo 8. En esta ocasión, el comandante James A. McDivitt, David R. Scott y Russell L. Schweickart fueron al espacio para un par de cosillas sin importancia: una era comprobar el correcto funcionamiento del habitáculo que debía depositar a los astronautas en nuestro satélite y la otra, casi nada, realizar un paseo espacial para ver si el traje que llevarían a la Luna era eficaz. Sí, los soviéticos ya habían hecho actividades extravehiculares, pero esa es otra historia.
En relación a ese último objetivo, Schweickart salió de la nave y permaneció 37 minutos “ahí fuera”. Los trajes eran equipos autónomos con propiedades tales como resistir desde -150ºC a 130ºC, impactos de micrometeoritos, también tenía que poder hablar con sus compañeros allí en el cielo como en la Tierra por radio y lo que no llegó a testar, garantizar 3h de soporte vital.
Otra de las tareas era realizar un ensamblaje en el espacio entre el módulo de mando Gumdrop y el módulo lunar Spider. Algo que era necesario comprobar porque si se bajaba a la superficie de la Luna y se volvía a subir, a ver quién era el guapo que lo hacía si fuera la primera vez. Por eso, protocolo de actuación en mano, el Spider se soltó y se alejo hasta 160 km. del Gumdrop para volver y realizar la maniobra. Hicieron todas esas pruebas en 10 días, después de 151 órbitas a la Tierra y 241 horas de vuelo. Todo un éxito que sentó las bases para que posteriormente los Apolo 11, 12, 14, 15, 16 y 17 pudieran realizar sus misiones en la Luna.

Quizá lo que les falte a muchos de los negacionistas sea cultura espacial sobre todas las apasionantes misiones, tanto de los EEUU como de la URSS o la ESA, que no se parecen en nada a las películas que probablemente hayan visto en el cine -por cierto, plagadas de gazapos científicos en su mayoría-. Una dura pelea que me atrevo a afrontar con quién sea, capaz de tener la amplitud de miras suficientes para admitir la realidad de los hechos y dejar así de decir estupideces sobre el famoso estudio de Stanley Kubrick, etc, etc, etc… 

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