La mayor expectación en muchos años. Algunos incluso se atrevieron a decir que no ha habido nada igual desde 1.993, con aquel a-cara-perro de Aznar y Felipe. Escribo esto en los días de resaca del gran debate a cuatro que tuvo lugar en Antena 3, y en el que eché de menos solamente a una persona, y no es Mariano, sino Alberto Garzón. Un hombre tan firme en sus convicciones debatiendo -algunas de ellas diría que incluso tan utópicas de la eterna izquierda- que le lastran tanto en su popularidad, como en su discurso. Digo más: ese lastre ha hecho a mucha gente aparcar el romanticismo, aferrarse a Pablo Iglesias y el punto canalla de su coleta, junto con sus enumeraciones de todo lo que han hecho los demás partidos que la ciudadanía ya no admite, y que con el paso de los debates televisados le han transformado en un animal televisivo tal y como quedó demostrado el #7D, usando la ironía, el sarcasmo y ese Montoro que todos llevamos dentro. En la misma acera (dicen), la eterna sonrisa Profident de Pedro Sánchez, vacía de cualquier carisma que vaga por los platós acompañada de una planta envidiable, eso sí. En la de enfrente, un Ciudadano lanzando bombas de humo para intentar aprovechar un desconcierto del que ya ha dado buena cuenta el Ausente, convirtiendo en protagonista a una actriz secundaria. Con ese escenario, y tras lo visto en A3, no hace falta ser un lince (de Doñana) para deducir que Pablo podría -con perdón- haberse sacado la chorra delante de todos para deshacerse de los ataques de los otros dos y medio que había allí. Apenas un “paga, Monedero, paga” fuera de plano, que evidenció que sólo él fue capaz de sacar el punto de portera que tiene Sorayita… y poco más, si lo comparamos con los “zascas” incontestables o incontestados que repartió el de Podemos. Desde la lista de puertas giratorias de PPSOE, o la de desfachateces que ha hecho el PP en esta legislatura (registros de sede, discos duros, etc…), hasta enumerar las principales causas corruptivas del pasado y el presente, el “no os pongáis nerviosos” (que se lo dijo hasta al moderador), el “Luis, sé fuerte”, el “Pedro, Tsipras lo ha hecho tan mal que por eso tu partido (PASOK) ha desaparecido allí” o el sublime “… por cierto, Albert, ¿Camus era francés o argelino?”.
Para regocijo podemita, el lenguaje no verbal de los otros tres, mostraba a un Albert Rivera demasiado nervioso, con lo que la batalla de las RRSS también estaba ganada tras la insinuación de Monedero en la charla de la Revista Mongolia, además de un Pedro Sánchez-Pantoja paseando por los cerros de Úbeda cuando hablaba, excepto al interpelar a Soraya, que tal como se vio, demostró no poder con la pesada carga de la corrupción bajando los brazos al ver la portada de El Mundo que enseñó Rivera y limitando su discurso a un provocado ritmo pausado enfocado obviamente a consumir tiempo de debate y a no perder los votos de los mayores que estuvieran viéndolo, igual que hizo el propio Mariano Rajoy en La Sexta el sábado de la semana pasada. El único fallo de Pablo “Camacho” Iglesias en lo visual fue no haber llevado un jersey (creo).
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Además, y para terminar con esta vorágine destructiva, aprovecho el agujero negro de la galaxia del Partido Popular para romper una lanza en favor del único programa de toda la parrilla de la televisión pública puramente divulgativo, que ha sido engullido por esa misma política de recortes presupuestarios -entre otras cosas, sospecho- siendo ninguneado semana tras semana, primero con un cambio de día y hora, luego con otro cambio de hora (siempre más cercano a la madrugada, y después de insufribles películas españolas tan lentas y somnolientas como el ritmo al que avanza España hoy), para arrancarle la cabeza con una no-renovación. Desde estas líneas quiero agradecer a todos y cada uno de los profesionales delante y detrás de las cámaras por haberme ayudado a entender/aprender MUCHÍSIMAS cosas durante todas esas horas de divulgación de las que he podido disfrutar. Divulgad, malditos, porque siempre habrá al menos una persona dispuesta a aprender. Y si no la encontráis, llamadme, que yo me presto.

