Otro gran salto para la humanidad


Todo calculado al milímetro. O mejor dicho, al millones-de-kilómetros-de-distancia.


Hace más de un siglo que los hermanos Wright decidieron volar. El sueño de un montón de seres humanos siglos antes de que ellos nacieran, de los que la gran mayoría fueron anónimos de quien no quedó testimonio. Sin embargo, el hecho de tener pruebas al respecto de gente tan trascendente como Da Vinci debería hacernos pensar que si ya él lo intentó en el siglo XVI, cuántos más lo harían o pensarían en ellos a lo largo de la Historia. 


En aquel momento de principios del siglo XX se consideraba emocionante visitar un intento de vuelo in situ (no nos engañemos, eran intentos). Los inicios de la aviación. en los que se temía por las vidas de los locos que se subían a aquellos artefactos de aspecto parecido a un pájaro con sus alas desplegadas. En cierto modo, seguramente ese morbo sería lo que les hacía asistir. Nadie podía aseverar que la emoción de visitar un aeródromo para ver volar a aquellos pájaros de hierro se transformaría en poder sentir eso mismo desde el sofá de sus casas, viéndolos en una pantalla de televisión… artefacto que tampoco existía por aquel entonces, dicho sea de paso. 

Desde aquellos tiempos, la tecnología ha evolucionado a pasos agigantados.


Neil Armstrong quiso ser piloto en cuanto supo lo que era volar, en aquel viaje que su padre le pagó en un aeródromo de camino a misa un domingo siendo un niño. Acabó pisando la Luna. Aterrizó en la superficie lunar con pericia y, aunque no lo reconociese jamás, probablemente con algo de miedo. Un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad.


No es miedo lo que sienten desde la sala de control de misión los ingenieros de vuelo, pero sí que es tensión, nervios para que lo que han calculado durante años no se estrelle en el sentido más literal de la palabra. Lo vemos en sus caras cada vez que hay una misión a punto de completar sus objetivos principales. Los llaman “milestones”. Y lo vimos hace poco con el aterrizaje del rover Perseverance; seguramente también lo veamos no antes del próximo día 11 de abril. Su compañero de expedición, el minicóptero Ingenuity, hará el primer vuelo de pruebas en un planeta.


Desde el pasado 1 de abril el rover realizó las maniobras que han emplazado el Ingenuity en su lugar de despegue. Un pequeño aparato de menos de 2 kg… en la Tierra, y unos 0,70 kg. en Marte con un cuerpo 13,6×16,3 cm. cuyas palas de 1,2 m. de fibra de carbono serán propulsadas hasta las 2.400 rpm por energía solar que cargará seis baterías de iones de litio.



Ingenuity lleva incorporadas dos cámaras. Una a color para imágenes de largo alcance (desde la que posiblemente nos envíe fotos del Perseverance) y una en blanco y negro como cámara de navegación. Si todo va bien, el aparato demostrará que es posible despegar en la tenue atmósfera marciana con una “tecnología de miniatura”, permitiendo comparar los resultados de su entorno real en Marte con los de las pruebas y simulaciones hechas en la Tierra. A lo largo de una ventana experimental de 30 soles (días marcianos), Ingenuity está previsto que realice cinco tests de vuelo. Las características de cada vuelo dependerán de las que deje el anterior, pudiéndose repetir si no se cumplen las expectativas creadas en torno a cada intento. Porque como pasara con los inicios de la aviación en la Tierra, lo de Ingenuity también pueden llamarse intentos. Las zonas de despegue y aterrizaje se han determinado en 10×10 m., subirá entre 3 y 5 m. y sus desplazamientos no irán más allá de los 50 m. en una duración máxima de vuelo de 90 segundos. Eso es lo inamovible: un minuto y medio. Eso quiere decir que cuanto más se aleje de la Landing Zone, más rápido tendrá que hacer el trayecto de ida y vuelta.

La distancia entre la Tierra y Marte hace que sea imposible manejarlo con un joystick, por lo que ha habido que desarrollar un aparato autónomo para volar, aterrizar, comunicarse, gestionar las baterías y mantener una temperatura que permita el correcto funcionamiento de los sistemas en el frío marciano. Gracias a las matemáticas será posible confirmar las rutas de cada vuelo y ver si se ha hecho lo que se esperaba. Aunque el momento más esperado será el despegue, no deja de ser emocionante el instante previo en el que el minicóptero desbloqueará sus hélices para hacer las comprobaciones previas de cambio de ángulo y probar a 50 rpm y 2400 rpm sin todavía despegarse del suelo. Todo eso ocurrirá momentos antes de las 11 de la mañana (hora local marciana), cuando según los modelos los vientos no serán muy fuertes y las baterías de Ingenuity estarán suficientemente cargadas.



Ese vuelo inicial comprende una serie de retos más allá de lo básico. Entrando un poco más en detalle, ascenderá hasta unos 3 m. de altura a una velocidad de 1 m/s. Después flotará sobre el suelo del planeta rojo durante unos 20 segundos y se posará de nuevo.


La carta de navegación está ya predeterminada. 


Si el primer vuelo funciona, se realizarán toda una serie de comprobaciones para llevar adelante un total de cuatro vuelos más. En el segundo está previsto subir a 5 m. de altura y volar horizontalmente unos metros para volver a la zona de aterrizaje. En el tercero se alejará unos 50 m. y volverá a la landing zone. Aumentando la velocidad para seguir manteniendo una duración máxima de 90 segundos, como ya he comentado más arriba. Los vuelos número 4 y 5 podrían realizarse en momentos de más viento para probar la maniobrabilidad del aparato.


Y es que los primeros pasos cada vez son más largos y cada vez más lejos. Por eso he creado este diseño exclusivo del minicóptero Ingenuity de la NASA que comentan en el blog de Nabla Differential Wear, una camiseta conmemorativa que puedes encontrar aquí para chico o para chica.

What a time to be alive!!!

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