El rugido de la atmósfera

Entre los días 1 y 2 de agosto, después de dos meses abrazados por la microgravedad de la Estación Espacial Internacional (para los aficionados, ISS por sus siglas en inglés), los dos primeros tripulantes de la misión DM-2 de Space X estaban a punto de completar su programa de actividades en el espacio. Si no pasaba nada raro, la cápsula Crew Dragon debía desacoplarse de la ISS para iniciar su viaje de regreso a la Tierra. Los astronautas Doug Hurley (@Astro_Doug) y Bob Behnken (@AstroBehnken) dejaban atrás una experiencia histórica con la mirada puesta en el ya no tan lejano futuro de la astronaútica comercial. El turismo espacial ha tardado en llegar, pero ya está aquí, a la vuelta de la esquina… o mejor dicho, a la vuelta de la curvatura de la Tierra.

La tarea es fácil de escribir, pero lleva miles de líneas de código de programación y quién sabe si también miles de horas de sueño de todos los que han intervenido en su diseño. Desacople, propulsión, comprobaciones en directo, sellado, reentrada en la atmósfera, great ball of fire, apertura de los paracaídas y amerizaje en algún lugar que otros han determinado por ti. Confianza ciega. Por cierto, en esta ocasión, para darle más emoción al evento se metió entre medio de todo el huracán Isaías. No se cruzaron con el huracán, pero… ¿y si sí…? La posibilidad de fallo es tan pequeña como la cápsula cuando desciende desde 400 km de altitud con nuestra gigante bola azul de fondo. 

Con las pertinentes despedidas de sus compañeros de viaje en la ISS, Bob y Dough (amigos desde hace años) cerraron la escotilla, se enfundaron sus trajes futuristas y se metieron en la cápsula que les llevaría de vuelta a la Tierra siguiendo todos los protocolos. ¿Puede haber algo más molón que hacer un viaje al espacio con un amigo? Ya lo digo yo: no. Su viaje como primeros tripulantes que amerizan en el océano en 47 años acababa de empezar en el mismo momento en el que su aventura de 62 días empezaba a acabar. 

Una vez que se desacoplaron de la estación espacial y comenzaron encendido de descenso, llegó el momento de separarse de la parte trasera de la nave, la que lleva los paneles solares, para iniciar la reentrada. De todo lo que les esperaba, el momento más crítico es el intervalo de 11 minutos de reentrada en la atmósfera en el que, llegado un punto, la señal con el control de misión aquí abajo se pierde por la conversión de la nave en una enorme bola de fuego y plasma que la fricción de viajar a miles de kilómetros por hora al chocar con la atmósfera genera. A la estampa le vino que ni pintado el nombre de la nave: dragón. En Tierra se sabía todo sobre el viaje hasta llegar a ese punto y todo después de pasarlo, todo estaba automatizado, pero el momento LOS (Loss Of Signal) solo los astronautas pueden describirlo y pocos lo han hecho tan detallada y epicamente como Bob Behnken durante la rueda de prensa que ambos tripulantes dieron en Houston dos días después de su llegada. En palabras del astronauta: “la nave cobra vida y mientras desciendes puedes escuchar el ruido de la atmósfera en el exterior. No suena como una máquina, suena como un animal. Y el ruido va aumentando a medida que desciendes”. Mientras la nave trataba de estabilizarse encendiendo los retropropulsores que fueron frenándola, ellos iban dentro totalmente a merced de lo que sucediera, la vibración no les dejaba hacer nada, incluso notaban sus ojos vibrar. Probablemente fueran los minutos más largos de sus vidas… pero es que, por si ser el relleno de una bola de plasma y fuego fuese poco, cuando sales de ese estado de cataplasma y desciendes hacia el mar pensando que ya solo es cuestión de tiempo, que después de haber descendido tu velocidad desde 28.000 km/h a la velocidad calculada, se abran los paracaídas que permitirán el suave amerizaje en el océano de turno. Y eso será lo único suave, porque como también explicó el bueno de Behnken, para tu cuello el momento en el que los dos primeros paracaídas se despliegan es como si estuvieras sentado y te golpeasen con un bate de beisbol en la cabeza. Luego ya, los dos siguientes se nota menos. (A diferencia de la anterior misión, que viajó con un maniquí como tripulante, la cápsula llevaba cuatro en vez de tres por razones de seguridad, del mismo modo que se estableció el amerizaje en el Atlántico en lugar de el Pacífico, por motivos de comunicaciones con la nave.)

En ese punto del viaje, con su adrenalina disparada, llegaba el “choque firme” (según Doug Hurley) a 25 km/h. contra el agua, después del cuál disfrutaron del que fue probablemente el único lujo que han tenido en su aventura, una mejora (todo hay que decirlo) con respecto a los splashdowns de las misiones Apolo. La Crew Dragon está diseñada para flotar de manera que sus tripulantes puedan esperar el rescate plácidamente cabeza arriba hasta que llegan los equipos de rescate; en las Apolo no tuvieron tanta suerte… no se pensó en eso tan decididamente como para idear un sistema de estabilización en el agua.

Imagen de la misión DM-1, para ilustrar la estabilización
Imagen de la DM-1, para ilustrar la estabilización de la cápsula.

La cápsula descansó sobre el Golfo de México, frente a la costa de Pensacola, como si una referencia velada a la novela “Contact” de Carl Sagan hubiera hecho que ese fuera el punto. Fue recogida por las lanchas de apoyo del Go Searcher y subida a la cesta de recuperación del barco, en la que hubo que esperar a que los valores de las trazas del propelente empleado en las retropropulsiones estuvieran por debajo de lo establecido en los protocolos marcados. Incluso se esperó a que uno de ellos fuera 0.0 ppm después de que los astronautas confirmaran que se encontraban bien en el interior. Después de eso, empleados de Space X abrieron la escotilla y fueron sacando los objetos que desde el interior les iban dando uno a uno hasta que finalmente sacaron a Bob Behnken primero y después a Doug Hurley, comandante de la misión. 

Estas imágenes muestran la diferencia entre el antes y el después de un viaje al espacio.


Ahora, cada uno de ellos tendrá que realizar las pertinentes tareas post-viaje, y Behnken, además, deberá cuidar del hijo que comparte con la también astronauta Megan McArthur, porque ella debe preparar la próxima expedición de la Crew Dragon en la primavera de 2021. Así de claro lo dijo su marido en la rueda de prensa. Se juegan la vida saliendo al espacio, por lo que debe dedicársele todo el tiempo necesario.

Como les dijeron a Bob y Doug después de que todo había salido según lo previsto: «Thank you for flying with Space X». Sin duda, el inicio de una aventura muy larga.





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