Horizonte futuro

Se ha abierto una nueva era, parece que de forma definitiva. El hecho de que Space X haya conseguido desarrollar la tecnología necesaria para enviar astronautas al espacio es algo que no hace tanto a muchos les hacía levantar una ceja. Sin embargo, ha sucedido. 


Los anglosajones lo llaman milestone, y viene a ser lo que los romanos llamaban miliario. Un punto destacado en el camino. Desde la retirada del transbordador espacial, hace nueve años, no se ponían en órbita astronautas desde suelo norteamericano y lo cierto es que las expectativas creadas eran un arma de doble filo para el orgullo yankee. De hecho, los dos que inauguran esta nueva etapa vuelan por primera vez en algo que no sea el transbordador, ya que ambos participaron por partida doble en misiones en aquella época, pero después de eso no habían vuelto al espacio. El sábado hubo suerte de que la cancelación fuese por culpa de la meteorología y no por un fallo mecánico durante las complejas operaciones previas al lanzamiento. A ver quién es el guapo que le explica a Trump, allí presente, que no se lanza el cohete porque algo ha fallado… sería capaz de cortar de raíz la cada vez más discutida inversión en materia de espacio para la NASA. Es flipante que ande proclamando la llegada de nuevo a la Luna para 2024 mientras a las primeras de cambio recorta el presupuesto de la agencia espacial.

Egoistamente, la amplia cobertura -no muy diferente de cualquier otro lanzamiento de Space X- me sirvió para sentar a mi sobrino de seis años en el sofá durante media hora y explicarle lo que hay que hacer para ir al espacio, lo que iba a suceder en cada momento y que hasta el día siguiente no llegarían a la ISS… porque, claro, me preguntó a ver dónde iban y cuando iban a llegar. También me dijo que él no iría a la Estación Espacial Internacional para estar allí tanto tiempo, a menos que le dejasen llevar todos sus juguetes, o su favorito. Le encantó saber que suelen llevar un muñeco para que se chive de cuando flotarán al soltarse los cinturones. Y al día siguiente le preguntó a su abuela a ver si los astronautas ya habían llegado a «la otra nave».

La famosa rampa 39A volvía a dar la bienvenida a unos astronautas (Doug Hurley @Astro_Doug y Bob Behnken @AstroBehnken) el 30 de mayo, que a día de hoy están ya en la ISS después de que, como ya he comentado antes, la meteorología obligase a aplazar la primera fecha prevista (27 de mayo) poco antes del despegue. En el reparto de felicidad no tengo muy claro si estará más contenta la NASA por no tener que mandar a sus hombres a Baikonur o Space X por demostrar que no solo rentabilizará la recuperación de la primera etapa en tierra firme (o en una barcaza en mitad del océano), sino que podrá sacar tajada del programa comercial que hay proyectado (Commercial Crew Program, CCP). Desde el punto de vista técnico, no deja de sorprender a los que llegan al apasionante mundo de la astronaútica que en menos de nueve minutos la cápsula, en este caso la Crew Dragon, esté en la órbita. Y al resto, da igual cuántas veces lo veamos, es una maravilla a la que uno no se acostumbra. Para más inri, la puerta que se abre con el lanzamiento del pasado sábado es esperanzadora… sí, y sólo sí, el país de las libertades -ejem- no colapsa ahogado en las aguas de la incompetencia social y sanitaria mal gobernadas por un ególatra que cada cosa que ordena es peor que la anterior. Parece mentira que un presidente como Obama no haya podido disfrutar de la época que, por cierto, Trump tampoco disfrutará. God bless la norma del máximo de 8 años de presidencia. El año 2024 está a la vuelta de la esquina y no sería justo que el peor presidente del mundo de la historia reciente se colgara esa medalla. 

El acoplamiento de la Crew Dragon fue según lo esperado a lo largo del día siguiente, a pesar de ser la primera vez, y los astronautas se encontraron en la ISS con sus colegas al otro lado de la esclusa. Bueno, alguno sufrió los rigores de la microgravedad bien pronto haciéndose un chichón en el minuto 1 de partido. Gages del oficio. A partir de ahora, mucha ciencia, y grandes cosas por venir. Si bien los pensamientos de la compañía de Boca Chica pasan por la Starship más que por la Dragon. Entiéndase que “de la compañía” significa “de Elon Musk”, quien ve su empresa llegando a la Luna o a Marte a bordo de la Starship. La Dragon quedará para misiones domésticas, las que sean que puedan aportar algún ingreso a la marca a nivel de turismo espacial. Businness is businness.

Desde aquí abajo estaremos atentos a lo que nos enseñen desde la ISS para transmitirlo en la medida de lo posible y que este nuevo escenario aerospacial no sea un pasarratos de nerds. Esto hay que contarlo, que se esparza como el coronavirus.

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