1969, por fin, la Luna

20 de julio de 1969. Mar de la Tranquilidad.

Neil Armstrong sale del módulo lunar y desciende los peldaños de la escalerilla que le catapultan a la fama mundial. Paradójicamente, lo que habitualmente se consigue tras muchos ascensos, en esta ocasión es resultado de un descenso. Apenas unos segundos en los que el corazón le palpita acelerado, pero no mucho más de lo habitual. Atrás quedan cientos de horas de ensayos, entrenamientos que generaron memoria muscular por parte de su cerebro y el de Aldrin, discusiones de equipo, trabajo en grupo, viajes a lugares que hipoteticamente se parecen a lo que le espera en el extremo inferior de esa escalera.

“Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la Humanidad”. Ahí está, la frase que le acompañaría para siempre desde aquel preciso instante en el que la pronunció.

El ser humano, al fin, pone el pie en un cuerpo celeste diferente a su casa, nuestra casa. La conquista del espacio primero, y de la Luna después, sentaron las bases de un progreso competitivo. Quizá no fuera el mejor modelo de progreso, pero es el que hubo en la época y el que posibilitó que hoy estemos pensando en llegar a Marte, en volver a la Luna, en tener sondas más cerca que nunca del Sol, y más lejos también, robots en la superficie de Marte. Las Pioneers, Voyagers, Veneras, Mariners, Sputniks, Vostoks y demás artefactos nos han traido hasta este punto.

Contrariamente a lo que mucha gente piensa, la famosa huella que ilustra el inicio de este artículo no es la pisada de Neil Armstrong, sino de Buzz Aldrin. Eso sí, es tan icónica como puede ser la imagen de Ese Punto Azul Pálido, o las primeras fotos a 12.000 km. de la superficie de Plutón. Y de eso también se trata: de calar en el imaginario colectivo, aunque a poder ser debiera difundirse la información correctamente desde un principio para evitar que cristalicen cosas como la que sucedió con ese caso concreto. Del mismo modo, la segunda imagen muestra a Aldrin descendiendo del módulo lunar, no a Armstrong.

Como especie hemos sido, somos y seremos exploradores. Y a pesar de los asteroides asesinos que los medios se empeñan en magnificar tirándonoslos a la cara periodicamente, debemos estar orgullosos de ser exploradores, y disfrutar de todo lo lejos que lleguemos a conocer de este Universo en el que estamos volando a miles de kilómetros por hora y al que le importamos lo mismo que nos importa a nosotros una lucha a muerte entre dos hormigas en la tundra siberiana.  

Enjoy the trip!


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