Urano, il castrato.

Para los griegos, los mitos eran su manera de entender el mundo. Metáforas que plasmaban incluso en las cerámicas que han llegado hasta nuestros días. Historia. Arte. Fábulas. Ideas. Todo mezclado para que los pobladores del futuro nos recreemos hoy identificando tal o cuál historia.
«La castración de Urano». Fresco de G.Vasari y C. Gherardi en el Palazzo Vecchio (Florencia)
La que nos ocupa hoy, podría incluso valer para cualquier familia desestructurada al uso, de no ser por las exageraciones propias de las mitologías. La narra Hesíodo en la Teogonía. Urano y Gea eran considerados los antepasados de la mayoría de dioses griegos. Padres de los Cíclopes, de los Hecatónquiros (como Encélado a quien ya dedicamos una entrada) y de la primera generación de Gigantes. Urano, hijo y esposo de Gea, retenía a la fuerza a sus propios hijos en el interior de su esposa antes de nacer -interpretado como el Tártaro-. La situación se volvió tan insoportable para ella, que decidió acabar con el ultraje tallando una hoz bien afilada a partir de una roca pidiendo después ayuda a alguno de sus hijos. La misión no era otra que castrar a Urano y arrojar sus genitales al mar. De todos los hijos de Gea, sólo el benjamín Cronos se mostró dispuesto a ayudarla. Así, aprovechando la noche, cogió la hoz y mientras dormían rasgó con ella la vestimenta de Urano consiguiendo su objetivo. La sangre que salpicó a Gea provocó el nacimiento/liberación instantáneo de los Titanes y las Melias; y de la espuma provocada cuando fueron arrojados al mar surgieron las Erinias.

W.Herschel
Como si de esa espuma de mar se tratara, el planeta vivió su momento de mayor efervescencia durante el final del siglo XVIII. Fue a principios de la década de los 80, bajo el reinado de Jorge III en el Reino Unido. El posteriormente archiconocido William Herschel confirma la existencia de lo que todavía no tenía claro si era un cometa o un planeta. Duda razonable dada la precariedad de los medios, y sin embargo alta tecnología entonces. Estuvo tiempo observándolo y así se lo hizo saber a sus colegas de la comunidad astronómica. No acababa de encontrar la cola del cometa que buscaba, con lo que acabó determinando que, efectivamente, se encontraba ante un descubrimiento de mayor calado. Tras las confirmaciones pertinentes, a Herschel le propusieron darle nombre, y como siervo agradecido propuso uno en honor al rey vigente: “Georgium Sidius”, acompañando la elección con una filosófica reflexión que no acabó de convencer a sus compañeros. Entre tanto, Lalande (de quién hablamos en la última entrada “Encuadrando estrellas”) quiso honrar al descubridor llamándole Herschel. No obstante, concluyeron que era más apropiado seguir con la nomenclatura teológica que se usaba hasta la fecha y fue el alemán Johan Elert Bode quien acabó recomendando Urano como nombre oficial. A lo largo de toda esa década, Herschel se centró de tal manera en él que unos meses antes de la Toma de La Bastilla dejó constancia en su cuaderno de que “se sospecha la existencia de un anillo”. Hablaba del anillo ε, el más apreciable de los trece que lo rodean.

Urano desde 18 millones de kilómetros (Foto: NASA/Jet Propulsion Lab.)

Foto a 1 millón de kms. tras el flyby.
(NASA/JPL)
Casi tres siglos después de su descubrimiento, la NASA utilizó la sonda Voyager 2 para realizar un sobrevuelo desde el cuál poder estudiarlo de cerca. La admirable planificación en el cálculo de las trayectorias de ambas Voyagers, junto con un inusual alineamiento de los cuatro gigantes del Sistema Solar externo hizo posible que las Voyager recabaran información de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Mientras que se decidió que la Voyager 1 sobrevolase los anillos de Saturno y su luna Titán, mandaron a la Voyager 2 permanecer en la trayectoria de paso de Urano y Neptuno. De la Voyager 1 tenemos los datos de sus encuentros con Júpiter y Saturno, mientras que la Voyager 2 estudió los cuatro. El penúltimo de ellos fue obviamente Urano, y el pasado domingo se cumplieron 30 años de aquel histórico flyby a 81.500 kms. de las nubes más exteriores. Desde entonces, y hasta nuestros días, disponemos de un montón de información, mención a parte para los datos obtenidos con el telescopio espacial Hubble.



Foto de los 9 anillos de la Voyager 2

(NASA/JPL)


Gracias a todos ellos -Herschel, los científicos de la misión Voyager 2 y el equipo responsable del Hubble- sabemos que tiene la masa de 14,5 Tierras y un diámetro unas cuatro veces mayor. Un año en Urano dura algo más que una vida -media- en España (~84 años terrestres). Tiene 13 anillos, entre ellos el anillo ε descubierto por Herschel, y 27 satélites todos ellos nombrados según personajes de las obras de Shakespeare y Pope. La sonda de la NASA, entre otras cosas, descubrió 10 de los satélites y 2 anillos; y estudió 5 satélites, así como 9 de sus anillos. 

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